La aceptación del vacío en Sirat, de Oliver Laxe
Moisés Díaz / ECS
Sirat, del director Oliver
Laxe, es una película que explora el polvoriento e inerte desierto marroquí a
través de la historia de Luis, un padre desesperado que, junto a su hijo menor,
busca a su hija rebelde en una rave, una fiesta vertiginosa
caracterizada por ritmos intensos, luces intermitentes y un ambiente de
libertad y comunión. Motivado por el imperioso deseo de encontrar a su hija, se
acerca a los ravers sin prejuicios y se entera de que habrá otra fiesta
en el desierto, por lo que decide seguirlos en su humilde camioneta.
Irónicamente,
el padre protector que intenta restablecer el orden familiar se ve atrapado en
una travesía temeraria junto a un grupo de rebeldes que no respetan ni la
autoridad ni las normas y que, incluso en medio de una guerra, deciden buscar
un lugar para simplemente desaparecer y ser “libres”.
Por
otra parte, el nexo entre Luis y su hijo es una parte fundamental de la
narrativa e introduce ternura y vulnerabilidad en medio de un entorno hostil y
bélico, pero al mismo tiempo festivo. Esta ternura hace que la muerte de
Esteban, quien cae de un precipicio, resulte aún más dolorosa e impactante.
La
relación entre Luis y los demás miembros del grupo crece a través del dolor. Tras
la muerte de su hijo, el protagonista se integra y establece un vínculo más
sólido con el grupo de insubordinados, ya que comienza a sentirse igual que
ellos: desarraigado, desconcertado y sin ningún propósito más allá de
sobrevivir.
El
film nos muestra diversos contrastes, tales como el uso constante de la música techno
o electrónica, que discrepa con la desolación que emana el desierto y con el
fatídico contexto político y social en el que se desarrolla la historia. A su
vez, los planos generales le transmiten al espectador una sensación de
tranquilidad, aunque los personajes se encuentren transitando los más grandes
infortunios.
De
igual manera, la imagen de las bocinas plantadas en medio del desierto es
fundamental; representa la necesidad de recurrir a sonidos potentes para anular
el pensamiento, la guerra y el dolor. En definitiva, estas simbolizan el deseo
de los personajes de quedar sordos ante el ruido del mundo exterior.
A
diferencia de las historias hollywoodenses a las que estamos acostumbrados,
donde los personajes tienen un final feliz, épico o triste, Sirat nos
ofrece un desenlace inusual que puede parecer insuficiente, puesto que el
protagonista pierde más de lo que gana; incluso podría decirse que no obtiene
nada más que desgracias. En este sentido, Laxe no termina la historia cuando
los personajes han materializado sus planes, sino más bien cuando se encuentran
derrotados, cuando sienten que no pueden más.
Si
el Sirat es el camino hacia el más allá, Luis queda suspendido en el
trayecto. Laxe nos sugiere que, a veces, la verdadera libertad no es alcanzar
la meta, sino la aceptación del vacío.
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